MARTA FERNÁNDEZ

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CRÍTICAS

¡Cuánto ruido tiene el silencio...!   M.F.

 

El imaginario americano funde sus raíces en la historia primordial, y aquel se refleja a su vez en el rostro de sus habitantes. En el caso de México, las contradicciones entre un pasado riquísimo entre huastecas, mayas, y otros imperios ya extinguidos, ostentan al presente una fisura no cerrada. MF no sólo hace un registro documental, sino que ensaya una lectura psicológica a través de sus tomas directas, una suerte de flasheo continuo -no meramente cuantitativo- , mediante el cual, su entrenado ojo convierte en suceso único el cotidiano transcurrir..

 

Siguiendo aquel ideal bolivariano que pensaba América por sumatoria y no por división, ella actualiza la problemática identitaria e incorpora otras, tales como las de género, en especial el lugar que a la mujer le ha cabido en esta larga e inconclusa lucha independentista. Parafraseando a Sartre, asumimos el  “todos somos coyas” ya que, aún habiendo descendido de otras sangres que no son originarias, damos cuenta de la Mapu mediante nuestro estar. En su multicolor diversidad, el inquieto foco de su cámara refleja el intenso movimiento del DF ante la quietud de quien ha estado ahí por siglos: de alguna manera, el ojo observado devuelve en forma de espejo el postergado reconocimiento a la femineidad y su protagonismo.

 

Ante el vasallaje de la conquista, esos rostros curtidos se adensan aún más en sí mismas, tornándose pétrea la mirada, para que el blanco conquistador no tenga acceso a lo que ellas guardan secretamente hace siglos: “túnel de la memoria”, observó Octavio Paz en uno de sus textos. La profunda religiosidad observa intrusiones de lo precolombino junto a la pervivencia de elementos cristianos: ese mestizaje, como observaba Leopoldo Zea, produce curiosas
combinaciones y subproductos que pueden pasar desapercibidos a una mirada desatenta.

 

La fugaz aparición de Frida Kahlo,  el transfondo de la gran ciudad son utilizados como elemento de contraste, con las milenarias escaleras o restos totémicos, rozando el grotesco para simbolizar la violencia entre espacio público y privado, escamoteado éste por la invasión continua de la publicidad, el posmodernismo, las marquesinas y el tomar el pasado sólo como una marca. Fernández desenmascara estas inequidades, que conducen inevitablemente a
la violencia, mediante el sutil tejido de una trama que ella va dejando al descubierto, como en un trailer fuera de escena, sin espectacularidades, sí con acertadas acotaciones temporales.

 

Su tarea crítica está sabiamente encubierta bajo la faz testimonial, tal como ocurriera hace pocos años con sus retratos de artistas, donde ese género le permitiera poner en valor la correlación artista - acercamiento psicológico. Esta nueva indagación sumerge su ser mujer en otras tantas americanas postergadas y anónimas, escuchando su silencioso pero persistente reclamo, que se resiste a ser puesto en música: un sordo reclamo, poblado de ruidosas voces.


Osvaldo Mastromauro.
Invierno, 2010.

Negritud
Fotografías de Marta Fernández

Los protagonistas de Negritud son aquellos seres anónimos que se atreven a luchar por sus derechos; son mujeres y hombres que no renuncian a ser parte (semilla, fruto, abono…) de todas las tierras, de todos los tiempos… Lo que de alguna manera todo artista pretende, en primera instancia, es hacer una llamada urgente, una petición pública, una queja que transcienda los aspectos testimoniales, dejando desnudando esos corazones que impulsan a esos personajes de negritud, casi invisibles y desterrados de todas las historias y crónicas oficiales. Por ello, tenga la necesidad urgente de mostrar sin miedo el amor, la alegría, la ternura, las sonrisas que desprenden esos seres, sin olvidar los matices peculiares, el misticismo de ese pueblo que sabe apropiarse de lo esencial y olvidar lo epidérmico.

Es público que en Brasil, la Negritud desprende y vive intensamente un amor exquisito hacia el sincretismo, asimilando todo tipo de aportaciones que estima positivas y estimulantes. Esa fuerza que otorga el mestizaje cultural provoca una alegre esperanza en un pueblo que ni siquiera tiene palabras y recursos, en aras a defender una tierra que vive un continuado y despiadado expolio.

Al menos -hoy y siempre-, los artistas debemos recordar ciertas cosas esenciales a través de la belleza perturbadora que pueden y deben emitir nuestras obras, denunciando siempre e incansablemente, lo incorrecto y lo que promueve dolor, miserias, llantos y odios…

Reconocer la existencia de los otros, de aquellos que viven lejos de los implacables dogmas del mercado, alabando serena y gozosamente la capacidad lúdica y solidaria de las religiones agro-brasileras es una manera de respetarnos y aceptar que todos somos necesarios.

Antonio Marín Segovia

12 de junio de 2004

Antoni Marín, 2004

“Imágenes de la Comarca Austral”

Ojos, piel y alma se empecinan, casi inútilmente, en abarcar este mundo estepario, alargado y frío. Esta tierra chata y pelada; esta tierra de vientos que reptan como bichos. Esta tierra de ríos torrentosos y de aguas donde se espejan las montañas, con esa belleza que sólo tiene lo que se reconoce como propio. Esta tierra que se ganó las sorpresas del viajero George C. Muster. Esta tierra áspera que supo del empecinamiento de Agustín del Castillo que develó su oscuro tesoro de carbón. Esta tierra que fue sur y norte de Francisco Moreno, que la descubrió azul y blanca, antiguamente bella.

Esta tierra de piedras secretas, de viejos habitantes curtidos, apenas si puede ser retenida por la memoria. Ese galpón rojo, abovedado y solo, obra de la obstinación humana. Ese cauce vacío, un choique despreocupado, esos rostros con siglos, o la masa blanca sobre ese lago blanco, parecen apenas ilusiones de una cámara, como la de Marta Fernández, que mira como espectador sereno, que evita la impudicia del ojo indiscreto; que testifica, simplemente. Esa cámara da cuenta del arte natural de esa tierra aun desconocida y casi sola. Esa lente sin frivolidad ni destellos, sin artificios y sin grandilocuencias, se sorprende, como nos sorprendemos cada uno de nosotros; y se quedan –la cámara, la fotógrafa y la mirada- sumidos en la perplejidad de lo diferente, de lo reconocible, de lo imaginado. Imágenes de una Patagonia transparente; lejos de casi todo, pero transparente .

Nerio Tello
Escritor. Editor. Director de la Colección Exploradores y Viajero de la Patagonia,Ediciones Continente, Buenos Aires, Argentina.

Nerio Tello, 2007

“Contrastes de la comarca del Noroeste”

¿Cómo comunicar el valor del patrimonio santacruceño? ¿Cómo lograr que nuestra gente se reconozca en él? ¿Cómo captar ese aire con viento, la polvareda, la inmensidad, el cielo, las tradiciones, los personajes, el paisaje? Marta Fernández lo logra con una cámara.

Para nosotros, para los que nos visitan, para el mundo, estos testimonios son de un gran valor, y Marta sabe plasmarlos.

Revalorizar lo propio, nuestro patrimonio Cultural y Natural, es la tarea que la Casa de la Provincia de Santa Cruz ha emprendido, el aporte de estas imágenes le devuelve materialidad a lo intangible, es una tarea que queremos agradecerle.

Arq. Silvia Mirelman
Directora Patrimonio Cultural

Provincia de Santa Cruz

Arq. Silvia Mirelman, 2008

Cuando Marta Fernández me invitó a expresar mis sentimientos sobre su obra me resultó imposible sustraerme a ello. El hallazgo con esta entrega de sus percepciones, plasmadas en imágenes vivas nos invitan a olvidarlo todo por un instante y disfrutar de la posibilidad de deslizarnos en la frontera donde se abrazan lo permanente y esencial de la existencia con las infinitas facetas de sus manifestaciones. La naturalidad .con que esta "apasionada" artista nos guía hacia el centro del ser para descubrir, "si nos animamos"-, con asombro que, los verdaderos protagonistas de este Encuentro somos cada uno nosotros- es tal que aunque nos resistamos a ello, igual sucederá.

La ausencia del color enaltece el juego en que nos sumergimos ya que tanto blanco, como grises y negros se entrelazan en la fragilidad de un instante y sus destellos despiertan en nuestro interior la posibilidad de fundirnos con las lumínicas tonalidades de los inasible - "aquellas indefinibles" en que nos encontramos danzando eternamente...- lugar que el pensamiento y la palabra dejan de existir para ser habitado por el "sentir". Es así como vamos siendo "transportados", suavemente y a veces con furia desde el centro del caos hacia su materializaciones más heterogéneas donde en el "estallido" de grises y negros sabiamente conjugados!.

La alegría se abraza con el dolor o la agresividad se esfuma frente a la sanadora presencia de la ternura, la construcción de lo cotidiano se diluye en la magia de lo invisible... lo que anhela ser inmortalizado como aquello que en verdad es.

¡La melodía de lo no audible es tal que nos envuelve transformándonos! Nace así en mí el deseo de compartir con ella y ustedes este vuelo en un "delicado equilibrio" y un profundo llamado a gozar la Vida en Plenitud. Gracias.


Ana María Nocita, 2003

En una extensión de tiempo alrededor de diez años, Marta Fernández ha realizado una serie que abarca más de cien retratos fotográficos que toman por modelo a  distintos personajes del mundo plástico local.


El conjunto que exhibe, es una selección de este registro que permite explorar su capacidad en el arte de captar sus respectivas personalidades sus individualidades en el apresamiento expresivo de un grupo que no funciona como tal, ajeno a actitudes plurales.

Cada uno de los retratos incluye en si mismo una narración surgida del entorno, sus costumbres, sus hábitos, su caos. Resulta, difícil sustraerse del clima intimista que desgranamos a partir de cada fotografía, relatos de un fragmento de tiempo que sobrevive en el ambiente de cada artista, especialmente en los objetos que los circundan.

La elección de los ángulos y las luces es muy cuidadosa, un trabajo sostenido por un entorno que reside en la sugerencia. En un aspecto foto plástico formal, opera con habilidad y una sensibilidad que la lleva naturalmente a la realización de una buena composición. La autora está documentando el modo de vida de un sector que el espectador percibe como diferente, y utiliza el retrato como pretexto de dicha testificación.


En este sentido, Fernández no plantea la representación del yo como mero registro físico o como enfoque estilístico, sino por el contrario, es la excusa del rostro como vía de acceso a un nivel más profundo de verdad: el discurso al que es posible acceder, después de haber habitado las obsesiones.


En cuanto a la objetividad al enfocar a los "personajes" se acerca a la manera como efectivamente y afectivamente la gente los concibe. En tanto artistas sus posturas muchas veces parecen ilustrar la visión que se acomoda a una idea ya formada o en ellos preconcebida. Algunos parecen "esculpidos" otros, lucen naturales dentro de un entorno de subjetividad donde el territorio delimita las referencias, ubica los términos de su identidad, ubica las certidumbres de un universo creativo por eso mismo poco conjeturable.


La estructura propuesta entonces, equivaldría a la realización de una teatralizaciòn de la imagen, cuando la pose sustituye a los instantáneo, como si el modelo fotográfico, al posar, impregnase su imagen con una impronta que convierte cada retrato en una suerte de exploración.


En un rostro, un centímetro puede marcar la distancia que existe entre una serena mirada y la ira.


La serie revela energía cargada dentro de estos individuos, cuya manera de evidenciar el plano intenso de un instante, legitima una noción de la realidad propia donde el artista medita sobre sí, da lugar a su pensamiento, establece el entorno que lo circunda.


Fernández logra que este conjunto de retratos interactúen con la cámara y luego con el espectador, en composiciones ordenadas en las cuales las atmósferas logradas nos vinculan a un punto de vista que es mejor no explicar con palabras, porque su testimonio sólo está hecho para ver.


Patricia Rizzo, 1998

Nos cuenta Jenofonte en sus memorables, un diálogo entre Sócrates y Parrasio, en el que el filósofo instruye al pintor, acerca de la necesidad de que los retratos no se limiten a reproducir la figura o la forma, sino que penetren en las profundidades de la Psyché, esa indisoluble unión -para los griegos- de psiquismo, carácter y alma. Es precisamente en esta identidad esquiva entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo que parece ser y lo que es, donde instala su cámara Marta Fernández, para iniciar la búsqueda pretendida por Sócrates. Sus retratos de artistas plásticos, no se limitan a brindarnos imágenes irreprochables o composiciones armónicas, sino que constituyen una indagación reflexiva acerca de la condición humana y la naturaleza de los artistas. Celebran este misterio de la existencia, la fragilidad del instante, y la contingencia de la creación artística. Detrás de cada uno de sus retratos hay múltiples historias, y detrás de cada una de esas historias, la vida de un artista que se nos ofrece generosamente.


Emilio Moya. 1998

Marta, su siamesa y los "plásticos"


La pintura y la fotografía se observan mutuamente, se admiran, se envidian, se desconfían, simulan prescindir cada una de la otra mirando para lados distintos, pero se extrañan, se necesitan. Son amantes. Desde que nació la fotografía, la pintura se redefinió, se divorció de la representatividad legándosela, pero ya no como ideal sino como función. Con ello tomó distancia también con el relato, que lo vinculaba a la literatura, reconociendo su propia naturaleza abstracta y, por ende, a la música como su otro gran referente. A partir de ese momento, la fotografía, su desafiante, aprendió su musicalidad, lo abstracto de la luz, la representación que se deshace. Entonces, la pintura comenzó a entender que abstracción y figuración son indisolubles y la fotografía volvió muy rica a reconocer al hombre, el que, en su ambiente se expande para definirse.


Por eso Marta Fernández, siamesa de una máquina fotográfica, sabiendo todo eso eligió pintores y escultores plásticos de carne y hueso para meterse en su ambiente y testimoniar con la luz natural esta expansión y definición de sus almas guardadas en sus rostros y en su apariencia de silueta. Marta Fernández se entiende con el silencio, conversa con él. Le dicen más los rostros mudos que las palabras. Y ella nos lo transmite. Para cada retratado tiene una propuesta distinta, e implícitamente nos habla de la obra de ellos, sin mostrarla en la mayoría de los casos, en el testimonio de lo latente que se guarda detrás de la apariencia del instante. Están cada uno -yo entre ellos- en la actitud expectante de lo que deviene tanto en la vida como en la simbolización de ella en este extraño quehacer que se llama artístico.


Así vemos en este conjunto de retratos a Marta Fernández el testimonio extraordinario de la última imagen de ese gran artista que fue Alfredi Hlito realizando su último dibujo. Su mano está detenida, su mirada traspasa la obra, está más allá de ella. Más allá del acá, este es el secreto de las fotografías de Marta.


Luis Felipe Noé. 1993

Una cámara con alas y las alas de la cámara.


No nos mira, se desliza y detiene llevando en su interior los múltiples cubos cristalinos de sus tomas. Transita invisible el espacio de los otros, escondida, respetuosa enlaza los intérpretes, la acción y el ámbito dentro de un tejido en donde está incluida, en realidad ello lo teje, tan sólidamente tejido que logra reiterar el tiempo, horas de un día en donde se pintó un mural y hubo registros, tiempo corrido y recorrido, aquel tiempo y éste.


Gran virtud la de ser puente ente los unos y los otros, aquella intimidad es ahora nuestra, somos otros hilos de la trama y sigue haciéndose.


Logra que la pintura se abra y logra que la pintura se disuelva en una lluvia de luz que señala la materia, materia que es mano, piso, diarios, tacho, foco, pitor, personas, personajes, otras cámaras y techo. Techo en donde rebota y se convierte en línea, esa línea pictórica, línea cable, hebra de la mallas en la que estamos todos los cómplices, vuelve al soporte, nos deja en el espejo.


¿Esa cara está apresada por la mano del pintor o es la que mira su mano?


Y la luz se atenúa, se ausenta; en el descanso, en la quietud de la figura de espaldas vislumbramos la partida. ¿Cómo cortar las múltiples miradas de miradas? El personajes que es mirado desde el muro se quedó afuera.


Nora Dobarro. 1989

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