|
Catharina Burman concibe un pequeño pelotón. En su fila apretada agónicos moldes evocan el cuerpo femenino cosificado. Lábil target del mercado, la pasarela o el probador.
El cuerpo, como res de los media, como artículo de lujo de la industria audiovisual, sujeto a sus patrones normalizados. Artículo que parece hallarse disponible por doquier como cebo y carne de cañón (las Evas virtuales abundan, por caso, en sus remotos paraisos.com, potestad de dios o de quien lo demande en la red).
Estas blancas criaturas que incuban extraños males evocan también los ejércitos devotos y disciplinados que se avienen periódicamente a los cada vez más sofisticados rituales de control y de mantenimiento.
El cuerpo como paisaje abyecto. Como territorio de disputada jurisdicción.
Nos dejan ver curiosas excrecencias, ominosos sarpullidos, incrustaciones, valles ensangrentados y senderos de espinas. De ellos cuelgan vías y drenajes en uso, historias fallidas y hasta el Niño Dios.
No hallamos en esta singular unidad-de-terapia-exhibidor deliciosas criaturas perfumadas. Encontramos en cambio, resignados cuerpos insomnes. Suspendidos aguardan su hora con el desgano del suero.
Una serie de fotografías de mujeres encontradas completa la exhibición.
La artista nos refiere una vez más a las espirales de turno de la belleza
ideal y a la extrañeza de una realidad prèt a porter.
Gabriela Francone Febrero, 2008. |
|
|
Presentación Proyecto Corpus.
La Mujer enfrentada a sí misma, a un cosmos de exigencias, de posibilidades y de sujeciones, es la protagonista de la conmovedora instalación que presenta la maestra Catharina Burman en el Centro Cultural de la Universidad de Salamanca en Bogotá, en donde una mirada de artista, aguzada por la observación y el debate consigo misma, desafía la realidad del cuerpo femenino, como el eje que es de una esencia, para provocar una meditación con un sinnúmero de interpelaciones y por ende de reflexiones a medida que el atónito espectador transita por la muestra. La catadura física se convierte en el hilo conductor de lo que apenas debía ser la revisión de un peldaño de la intimidad, pero que por efecto de una cultura ambigua y exigente termina por ser cardinal.
¿Cuál es la estructura que envuelve en realidad al ser humano y en particular a la mujer? ¿Cómo la apariencia le imprime carácter al interior? Catharina indaga, desde lo cultural y desde lo sensorial, con una intención crítica, en la validez del afeite y en la complejidad del maderamen de la feminidad. La pesquisa reconstruye la lógica de lo subjetivo y la discute, para desembocar en el análisis ecuánime de un raciocinio extraño y recóndito.
La mirada de la artista parte de los sentimientos, de los recuerdos, de los pensamientos y de la tergiversación, para converger en una cavilación profunda sobre el caos de lo entrañable y su expresión física, que se traduce en el develamiento de unas voces capaces de reclamar el derecho del cuerpo a ser un territorio habitado y común que se pronuncia, que escucha, que es pensado y que es construido para irradiar, en lo que pareciera una paradoja, un contexto sin maquillajes ni afeites. La experimentación y el quehacer de la creadora no permiten vacilaciones: por encima de modas, de tendencias, que suelen apestar a trasnocho y, sobre todo, de preconceptos, le plantean a la perspicacia del observador un desafío elaborado con imágenes limpias, casi yermas, cuyo atrevimiento no requiere de argumentaciones artificiosas para hacer patente una intención.
Fernando Toledo Director Centro Cultural Universidad de Salamanca. Bogotá. Colombia. Agosto 2005. |
|
|
Texto sobre Proyecto Corpus
EL CUERPO ENCORSETADO
El cuerpo desnudo de los seres humanos - nacido libre de ataduras - parece encadenado en todas partes. Desde el momento mismo en que sus vestimentas lo despojaron de su libre movimiento-el movimiento libre de sus órganos- hasta aprisionarlo dentro de rígidas armaduras , desde entonces el cuerpo encadenado se escindió entre un adentro y un afuera. La presión del afuera - igual que si fuera su prisión - no sólo ciñó una cintura y modeló su talle sino que atrapó sus órganos hasta reducirlos a fortalezas vacías cuyas formas sofocan el libre juego de sus sentidos.
Esta prisión del cuerpo llegó a su límite cuando la moda impuso a la mujer de la era victoriana un corsé similar a las armaduras portadas por los caballeros medievales durante la oscura edad media. El adentro quedó tan sometido al afuera de su vestimenta que la apariencia imaginaria empezó a dominar sobre lo real del cuerpo. El valor de uso de los órganos y los sentidos fue sofocado por su valor de cambio. Y el precio que hubo de pagar el cuerpo fue el costo de su mismo disfrute y de su libre andadura a expensas de su envoltura exterior.
Un siglo después esta apariencia del cuerpo encorsetado ha terminado por volverse algo inherente al modelaje corporal. Ya el adentro se ha identificado tanto con el afuera que ha desaparecido su diferencia hasta el punto que no se porta la armadura sino que se la soporta como alguna prioridad interna. El cuerpo modelado de la mujer corresponde a esa nueva armadura que rige su movimiento de manera inconsciente hasta volverlo insensible . Las nuevas medidas de la moda han terminado por volverlo esclavo de esa prisión de las formas. En adelante un cuerpo que no coincida con esas formas ideales, simplemente no existe.
El arte – la artista, Catharina Burman, que yace detrás de esta obra - ha llevado hasta el extremo límite de la forma esta imposible armonía del cuerpo y su entorno. Aquí ha desaparecido el adentro y el afuera y se han vuelto una misma cosa. Pareciera inexistente su límite .....Sólo unos pelos se escapan de la bestia amaestrada entre los intersticios de su armadura como si esos restos de vida siguieran saliéndose por entre las hendiduras de su corsetería. Es apenas un resto resistente.... pero un resto de goce que puja por no morir entre las redes de su prisión.
Ciro Roldán Profesor de Filosofía. Universidad Nacional de Colombia Agosto, 2005. |
|
|
Proyecto in vitro.
Catharina Burman propone un arte documental que en el caso de su obra IN VITRO constituye una panorámica acerca del tipo de dispositivos –sean objetos vestigios o pensamientos-- que disparan la creatividad en el mundo contemporáneo o, para ser más preciso, en la cultura dominante dentro de la sociedad colombiana de comienzos del siglo XXI. La artista solicitó a varios de sus colegas algún elemento que ilustrara el nacimiento de sus ideas o que resumiera y concentrara sus propósitos, dando así inicio a una especie de proyecto arqueológico sobre la actual escena artística, el cual permitirá a las generaciones venideras beneficiarse mediante la percepción de sus implicaciones.
Cada uno de estos elementos –concretos o abstractos, tangibles o intangibles—fue ubicado en una especie de cápsula con cierto aire futurista que subraya el ánimo testimonial de la obra. Las cápsulas son ubicadas a su vez, en urnas transparentes distribuidas una tras otra en una hilera modular que conforma una instalación en el mejor sentido de la palabra, puesto que ha sido concebida para un lugar con determinadas condiciones, es decir, para un espacio público. A pesar de la importancia de los tópicos de reflexión que el trabajo implanta en el observador –religión, amor, sexo, genero, moral-- la obra patentiza una consciente aproximación estética tanto en su regularidad, como en la precisión de las formas y el brillo e inclusive la translucidez de los materiales.
El título del trabajo, IN VITRO, es la más eficaz de las claves para desentrañar las intenciones de la obra y de la artista. Si tenemos en cuenta que el término se utiliza para referirse a la fertilización en el laboratorio, resulta claro que los elementos aportados por los artistas son como el óvulo que se mantiene en un medio de cultivo, la cápsula, hasta ser fecundado por el espíritu de generaciones venideras, dando por resultado un embrión con las características de los donantes, es decir, de los artistas contemporáneos y de los artistas del futuro.
IN VITRO podría calificarse como una obra neofuturista porque, al igual que las obras de ese movimiento italiano de la primera mitad del siglo XX, no sólo revela gran esperanza y fe en la ciencia, sino porque, parafraseando a Marinetti, podría afirmarse que para Catharina Burman es más bella una probeta cargada de posibilidades que la “Victoria de Samotracia”. Pero la obra también involucra una gran dosis de humanismo, de espiritualidad, de magia y en ese sentido, así como por su infinita carga de esperanzas y por el trasfondo feminista que alcanza a vislumbrarse en su metáfora, resulta apenas natural que IN VITRO sea una obra concebida aquí, en este país y en este momento.
Eduardo Serrano
|
|
|
Proyecto In Vitro
La última producción de la artista Catharina Burman, recientemente expuesta en la galería de Arte “La Cometa”, es una de las más interesantes propuestas plásticas presentadas en Bogotá, en el último año, por la originalidad del tratamiento del tema y por la calidad de la propuesta plástica.
La obra es una instalación en dos espacios contiguos. En el primero, sobre un podio continuo se ubica una hilera de treinta cajas de acrílico transparente que contienen sendas cápsulas cilíndricas de vidrio con base y tapa metálica cromada. Los cilindros contienen figuras antropomorfas y diversos objetos que tienen significados individuales o “matrices genéticas”, sumergidas en un líquido transparente a modo de “caldo”. El segundo espacio consta de tres hilos metálicos tendidos delante de tres muros de los cuales penden cartulinas impresas con la fotografía de cada uno de los cilindros, el nombre de un artista colombiano activo y debajo un texto alusivo a la “matriz genética” de cada uno de ellos. El conjunto tiene una presentación del destacadísimo crítico y curador Eduardo Serrano.
La palabra “in vitro” trae a nuestra mente la fecundación en laboratorio, el cultivo controlado de especimenes, la protección y el aislamiento, así como la posibilidad de modificar y planificar los resultados. La propuesta de Burman maneja varios códigos en sentido metafórico. Hace alusión directa o un banco de memoria genética en el que, cada uno de los artistas involucrados es prototipo, a modo de reservorio de creativas ideas plásticas, guardables para el futuro de la humanidad.
Formalmente, la propuesta de Burman nos trae temas y formas que han sido tratados respectivamente en el arte en los últimos pocos años, como Símbolos Patrios, 2000, del boliviano Ramiro Garavito (Gran Premio del Salón Nacional de Arte de ese año en La Paz, y presentada después en la III Bienal del MERCOSUR), la obra Vitácora, 2002, de los panameños Ricky Salterio y Peter Novey (presentada en la VI Bienal Panamá) y sobre todo, ha sido tratada en producciones filmográficas y televisivas como Alíen II y III, Los expedientes secretos X, tanto la película como la serie de televisión, Sentencia Previa, 2001, de Steven Spielberg y desde más temprano en 2001, odisea del espacio, 1968, de Stanley Kubrick. Toda esta temática tiene, con toda certeza, su origen en la obra Brave New World, 1932, de Aldous Huxley.
La obra de Burman nos habla de la preservación del poder y capacidad creativa del ser humano manifestada en los artistas; habla de preservación de la memoria y sugiere la promesa de futuro guardada en la matriz genética, que implica también la clonación y repetibilidad de los personajes seleccionados. Es una promesa de futuro en el sentido platónico y aristoteliano, al mismo tiempo que creo es una introspección en su memoria genética personal. En lo formal, la propuesta de Burman es impecable y muy bien cuidada. Es la etapa final y más reciente de una idea que ha venido siendo trabajada por la artista en los últimos dos años.
Pedro Querejazu Leyton Curador y crítico de arte. (actualmente residente en Bogotá). |
|
|
|
|
|
|
|