MÓNICA GOLDSTEIN

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CRÍTICAS

Signos abiertos
Rodrigo Alonso

Los trabajos de Mónica Goldstein parecen refrendar la célebre frase de StéphaneMallarmé, según la cual, “el mundo existe para terminar en un libro”. Sin embargo, la artista va un poco más allá, ya que su universo simbólico proviene no sólo del mundo físico sino también de ámbitos tan inasibles como la sensorialidad y el espíritu.

 

En el formato del libro, Goldstein encuentra el medio más idóneo para desarrollar su propuesta artística y conceptual. Ésta no se centra en las alternativas de la escritura – como podría imaginarse – sino más bien en las de la lectura, que exceden el limitado terreno del lenguaje. Aunque la discursividad no está ausente, hay una potencia de lo visual en sus obras que relativiza cualquier construcción lingüística que quisiera traducir el desenvolvimiento de su programa estético.

 

De hecho, la mayoría de sus libros carecen de palabras, o las poseen en una escala reducida. Muchas veces son los materiales los que aparecen en primera instancia, llamando la atención sobre el libro en tanto objeto que se instala con contundencia en la realidad. Las piedras, los metales, los residuos de instrumentos mecánicos, las cortezas de árboles, el algodón, son algunos de los elementos que aportan sus texturas y sensibilidad a unos volúmenes destinados a la percepción con el conjunto de los sentidos.

 

La materialidad de estos elementos suele estar compensada a través derecursos que introducen asociaciones, símbolos y metáforas. A veces, esto se logra mediante la confrontación de la propia calidad de los materiales, como en el libro Sin título (2000), que contrapone la solidez de la piedra a la suavidad del algodón jugando con los extremos de la tactilidad. Otras veces, son referencias más sofisticadas las que encarnan estos juegos de oposiciones, como sucede en Tiempo de espejos (2014), donde las imágenes obtenidas con un microscopio y un telescopio platean resonancias entre el microcosmos y el macrocosmos, como las imaginaba Pitágoras. En cambio, en el Libro del espacio [Homenaje a Teresa Volco] (2002), el juego se establece a partir de elementos puramente plásticos, como el punto y el plano, aunque sin abandonar la sensorialidad, provista por su cubierta de terciopelo negro, rematada con una piedra que ancla la abstracción de su propuesta conceptual a la tangibilidad de lo mundano. 

 

De hecho, la obra de Mónica Goldstein no se detiene en lo contingente, en el accidente, en la particularidad de un hecho o acontecimiento, sino que aborda temas muchos más amplios, que atañen a la naturaleza, el orden del universo, la realidad, la cultura, el devenir de los tiempos. Pero lo hace de manera subrepticia, confiando en la capacidad analítica del espectador, dejando signos abiertos para la lectura atenta, permitiendo que éstos florezcan desde las complejas mixturas formales de sus trabajos.

 

Lo mismo sucede en sus pinturas, fotografías intervenidas y dibujos. Obras como Tiempo del trueno (1994), Acerca de la realidad (2001), Eco inasible (2004), El salar del silencio II(2010), Un tiempo redondo (2013), expresan ya desde sus títulos esa vocación por aproximarse a ciertas instancias que conforman el marco de nuestra existencia, desde una perspectiva que trasciende la singularidad de lo inmediato. Así es el universo plástico de Mónica Goldstein. Un conglomerado de propuestas inspiradoras destinadas a los sentidos, el pensamiento y la reflexión.

 

Rodrigo Alonso . Texto del catálogo para la exposición Estos 20 años


Rodrigo Alonso. Texto del catálogo para la exposición Estos 20 años

¿Un arte sin límites?

Mónica Goldstein es una experta en el ámbito del Libro de Artista

 

De Jenny Stern.

Traducción libre de la autora de su artículo publicado en el Argentinisches Tageblatt (Diario Alemán) el día 5 de enero de 2013.

 

 

Buenos Aires (AT) – Cuando Mónica Goldstein empezó a crear Libros de Artista en su juventud no sabía que se trataba de un género independiente en las artes plásticas. Entretanto se han acumulado unas decenas de estos libros en su taller en Buenos Aires y Goldstein se convirtió en una experta en el tema. Exhibe sus obras no solo en su patria sino en otros países como Brasil, EE.UU., Gran Bretaña, Italia y Alemania. También participó con ellas en distintos salones.

 

¿Pero qué es exactamente un Libro de Artista? Goldstein explica que no se trata de un libro sobre arte, sino de una obra de arte en sí misma, que se puede abordar de muy diferentes maneras. Ha elegido como forma de expresión estética el Libro de Artista, entre otros motivos porque sus límites son imprecisos, se entusiasma Goldstein: “El Libro de Artista te otorga total libertad.” En sus obras no quiere limitarse sólo a una técnica, juega con ellas y las mezcla. En cuanto a los materiales, usa papeles, telas, piedras, metales, madera, todo aquello que se ajuste a su idea. Goldstein dibuja, pinta, pega, saca fotos. Si se trata de sus libros la artista no acepta ningún límite. Como sus grandes ejemplos nombra a los pintores y escultores alemanes Max Ernst y Anselm Kiefer. El primero fue conocido como miembro del grupo surrealista liderado por André Breton en Francia.

 

Sin embargo en sus Libros de Artista se encuentra una influencia clara del pensamiento de Oriente, al que Goldstein se aproximó hace años. Durante ese tiempo aprendió unos meses Sánscrito y entró en contacto con el budismo y el yoga. Hasta el día de hoy Goldstein da clases de Yoga con entusiasmo. Junto al arte es su segunda pasión y tal vez esto explique la serenidad interna que emite esta mujer. En el Libro de Artista “De la Interdependencia” Goldstein trabaja sobre el concepto budista de los cinco elementos. Abriendo el libro, en las hojas izquierda y derecha se ven impresiones digitales de fotografías de los elementos tierra, agua, fuego, aire y espacio. Por delante se encuentran hilos relacionando los diferentes elementos, en ellos están sujetados muñequitos de papel que representan a los hombres. Con puntos rojos están marcados algunos chacras, los centros energéticos del cuerpo humano. La obra de Goldstein habla de la unidad del universo, de la interdependencia de todo lo existente y nos muestra que el hombre está en conexión recíproca con todos los elementos.

 

Con su arte la artista no quiere mostrar el caos, lo amenazante y la miseria en el mundo sino que busca expresar las facetas más positivas del ser humano. Su objetivo es crear un clima de paz y armonía, explica ambiciosamente. “Quizás los límites para mis libros sean justamente esos”, confiesa Goldstein al final de la entrevista en su taller en Buenos Aires.

 

 


Argentinisches Tageblatt (Diario Alemán)

EN EL OJO DEL HURACÁN
MONICA GOLDSTEIN - Libros de artista

El silencio y el vértigo en la obra de Mónica Goldstein.
Perseverante en el camino elegido, la obra de Mónica Goldstein recorre un género poco frecuentado por los artistas visuales: el libro de artista. Y al mismo tiempo cataliza un apasionante cruce entre el libro en sí mismo con otros soportes, buscando generar afinidades con distintas vivencias espirituales. “Entre sus hojas, a menudo aprisionadas, circulan ríos de intensidad cuyos cauces han sido transfigurados para entretejerlos con otras, no menos apasionadas, expresiones artísticas”, escribía Corinne Sacca Abadi en el texto de presentación de una muestra de Mónica Goldstein en 2006. Ese dato es una constante de su producción. Su reciente producción, que ahora se exhibe en el Centro Cultural de la Cooperación, aporta, además, una indagación sobre las interrelaciones entre el micro y el macrocosmos, donde el formato libro se cruza con paisajes de impronta metafísica. Un panóptico que hilvana en un continuum salares, cerros y llanuras donde se respira el silencio, el vacío sobrecogedor. En tanto, sus nuevos libros de artista parecen transfigurarse y como si fueran los Rollos del Mar Muerto, remiten a otro tiempo, a la memoria de lo desconocido e inabordable. El velo que cubre las pinturas colgantes con papel de calco se entreabre, así, para develar el vórtice que succiona la mirada hacia ese ojo huracanado que da título a la muestra.

Alberto Giudici – Sabrina Díaz. Curadores (2012)

UN ECO. Muestra de Mónica Goldstein

 


La obra de Mónica Goldstein invita a una aproximación simbólica, es decir, a celebrar aquello indeterminado e indeterminable que se resiste a un abordaje meramente estético. Tanto sus dibujos como sus libros sugieren en sutiles matices de transparencia y opacidad que los paisajes que se recrean son a la vez externos e internos.

Las líneas de montañas sugeridas en filigranas captan una realidad evanescente a la mirada profana que, sin embargo, reverbera cuando los ojos - como en los antiguos misterios - se entrecierran para vislumbrar el umbral de esa Realidad que abarca lo visible y lo invisible.

En la captación interior de esa atenuación de la imagen externa se transparenta un universo de sentido análogo al mundo mítico budista de Shambala o la “tierra de no lugar” de la mística irania, que habita, por así decirlo, en el corazón del hombre. Y en esa obra de mínimos trazos palpita, como en los nadís o ‘arterias’ del cuerpo sutil, una vida inmarcesible.

El libro de artista de Mónica Goldstein, su obra tridimensional, converge simbólicamente con lo antes señalado. En nuestra época signada por la “muerte de Dios” ya no hay ojos de fuego capaces de captar el resplandor de los textos sagrados.

El libro de Goldstein es un intento de responder a esa orfandad espiritual, pues sin desconocer nuestra pobreza, intenta avizorar el resplandor abismado; es un símbolo de lo que es un símbolo, es decir, ‘epifanía de un misterio’, en este caso la manifestación de la montaña y la naturaleza mismas a través de diversas graduaciones expresivas, sea el trazo sutil, la foto traslúcida o la piedra. El universo es un inmenso libro, señalaba Ibn Arabi, y el libro que así lo comprende es o evoca al universo mismo. En la fachada de la catedral de Notre Dame de Paris hay un medallón con la serenísima Madre Alquimia que sostiene en su mano derecha el libro abierto y el libro cerrado.

La tradición alquímica reitera esta idea y señala que la obra de transmutación a la que invita es un libro cerrado en sus inicios, con la materia oscura, y abierto en su meta, con el logro de la piedra filosofal. El libro que aquí nos ocupa está a la vez cerrado y abierto; parece sugerir ese camino intermedio, sinuoso, que enlaza los inciertos inicios de la búsqueda y el inasible y luminoso final. Es, acaso, el texto desgarrado de nuestros tiempos de indigencia, cuando ya los dioses no nos hablan, si no es a través de los indicios de una naturaleza que se recompone en un texto fragmentario que apenas podemos cifrar.

Y así, toda la obra de Mónica Goldstein invita a releer en sus despojadas imágenes y páginas, plenas del silencio inquietante propio de la soledad ontológica del hombre contemporáneo, los rastros perdidos de un saber primordial tan cercano como nuestra yugular y, por ello, tan remoto.


Bernardo Nante 2011

Un Eco.  Exposición individual de Mónica Goldstein, artista visual.

 

Desde 1976 participa en numerosas muestras, tanto en el país como en el exterior. Su producción recorre distintas disciplinas con gran libertad.
Desde hace 20 años también exhibe Libros de Artista, género del que es considerada un referente en el país. Entre sus principales muestras en esta rama del arte se destacan: 15 años de Libros en Galería Arcimboldo (exposición individual, 2002). En el 2004 fue invitada a la 8ª Bienal Internacional de Cuenca, y en 1998 a  la Exposición Internacional “El Arte de los Libros de Artista”, Oaxaca y Biblioteca Nacional de Mexico. En 1996 participa en "London Artists' Book Fair", Barbican Centre, London.

 

La exposición Un Eco está conformada por Dibujos realizados en diferentes técnicas y tamaños, Libros de Artista y una monocopia que fue seleccionada en el Salón Manuel Belgrano de 2007 y expuesta en el Museo Sivori.

En esta exposición la artista trabaja en un cruce entre el concepto de Reinos Míticos* y paisajes del Norte Argentino. Toma como punto de partida material dibujos que realizó en medio de las montañas de la Puna argentina y luego busca el camino adecuado para que estas obras remitan a aquellos Reinos.

Sus técnicas, no muy convencionales, se ajustan de modo ideal a los conceptos que plantea. Trabaja sobre superficies transparentes y translúcidas, como acrílicos y papeles de calco. Allí sus dibujos, sus montañas de líneas sutiles pero imperturbables, parecen flotar transformándose en un Reino Mítico. La levedad del soporte dialoga con la sutileza de los trazos produciendo un estado de armonía.  Lo efímero y lo permanente interactúan y conviven con extraña naturalidad. Las imponentes montañas se muestran y se esconden alternadamente como en un sueño.

 

La obra de Mónica logra trasmitir a quien la contempla esa paz en consonancia con los Reinos Míticos.
Sus Libros de Artista, a veces realizados sobre viejos libros otras partiendo de  cero, ofrecen un punto de vista extraordinario sobre un objeto, en un comienzo, ordinario. En ellos coexiste lo blando y lo duro, lo suave y lo áspero, lo que se dice y lo que se calla.
En sus Libros, las escrituras de caracteres indescifrables, proponen un lenguaje abierto ofreciendo al lector libertad interpretativa. Quizás sea allí donde se esconde el camino hacia los Reinos Míticos y sea la interpretación de cada uno la que logre desentrañar ese camino.

 

* Los Reinos Míticos pueden entenderse en un sentido real o metafórico. Son lugares de paz y prosperidad. 
En general constituían sociedades modelo, muchas veces ubicadas en zonas montañosas. Es posible ver en estos mitos la expresión del deseo humano de una vida buena y satisfactoria.
Existen tradiciones que los consideran no como un lugar físico, sino como el fundamento de un estado de desarrollo que existe en forma potencial en todo ser humano.

La exposición inaugura lunes 24 de agosto y puede verse hasta el 19 de septiembre en Arcimboldo  – Reconquista 761 planta alta 14 - de lunes a viernes de 15 a 19hs y los sábados de 11 a 13hs.

Claudia Marcu / Nota publicada en la revista Genoma, agosto 2009.

Mónica Godstein entrecruza fotografía y pintura en torno a lo que ella llama “paisajes del mundo interior”. Logra así una sutil vibración cromática, como salida de un estado de ensoñación, que despliega en el plano y en una serie de libros de artista, género que la cuenta entre las pioneras. 


Alberto Giudici / Revista Ñ - 4/3/2006

“Los Rollos de Taa – Ga”

Mónica Goldstein exhibe libros de artista (género del que es un referente en el país), páginas de libros y también imágenes de su Reino de Taa-Ga sobre soporte rígido, en el que despliega la técnica de fotografía y pintura.
El transfer de foto sobre papel y la tinta aplicada sobre calco vegetal realzan la atmósfera cósmica de su obra. El desarrollo de su lenguaje visual sobre el doble soporte de dos dimensiones planas sobre la pared y de tres dimensiones de volumen en el espacio, integra a Mónica Goldstein al staff de artistas contemporáneos argentinos que investigan nuevas formas de plasmar los requerimientos expresivos de la obra que producen.


Pelusa Borthwick / 2006

TEXTOS DE TAA-GA
Ecos de un tiempo que permanece.
 


La pregunta por las formas que elige un artista para la construcción de su obra tiende puentes transitables que ahondan nuestra experiencia con ella y nos incita a la exploración de sus múltiples sentidos. 

Mónica Goldstein toma fotografías como quien necesita calar en la realidad antes de sobrevolar otras dimensiones témporo-espaciales. Fragmentos arrancados de la naturaleza sugieren espacios derivados de una geografía emocional, donde todo parece tramitar un re-encuentro con los orígenes desde una espiritualidad serena. Una búsqueda apasionada de lo absoluto desprovista de exaltación, aspira alcanzar la armonía. 

La operación artística requiere la intervención manual de la artista, sus trazos definen territorios que admiten ser pigmentados y cargan sobre sí texturas ajenas, la libertad de experimentación con los materiales es condición del ser de la obra, e inicia el juego de la imaginación creadora. Luego, se abren nuevas alternativas de acuerdo a que dicha obra sea un libro de artista, un cuadro, una instalación, un rollo para desplegar, una caja-objeto. Las variantes proliferan y se engendran como redes arborescentes que pierden el núcleo, o han decidido ignorarlo.  Los títulos de las obras son cuidadosamente elegidos y suelen aportar alguna clave de las obsesiones de su autora.  “Discurso de la tierra”, “Discurso vegetal”, “Discurso del agua”, “Eco inasible” “Sonidos de Taa-Ga”

M. G. persevera en la producción de obras que integran ese género poco frecuentado por los artistas visuales: los libros de artista. Estos constituyen una suerte de cruce entre la escultura, el objeto artístico, y el libro en sí mismo, pero amorosamente adulterado como para albergar afinidades con otras experiencias culturales. Entre sus hojas, a menudo aprisionadas, circulan ríos de intensidad cuyos cauces han sido transfigurados para entretejerlos con otras, no menos apasionadas,  expresiones artísticas.

Por su origen los libros remiten a las fuentes de toda sabiduría, son transmisores históricos de la experiencia cultural de la humanidad, relato de las vidas, amores, desgracias, guerras y acogen todas las vicisitudes por las que ha pasado el hombre y sus descendientes.  

Más allá de las estrategias empleadas por la artista para materializar sus trabajos existe una constante que permanece. Las imágenes fluctúan entre referencias cósmicas en relación con el universo y primeros planos que invitan a recorrer una intimidad propia de las entrañas de la materia. Como si la propuesta fuera penetrar dentro del tejido mismo del paisaje de la obra para atravesar la existencia y arriesgar el extravío entre la infinidad de caminos posibles. Algo inasible se percibe acrisolado en las imágenes de nieblas y vapores brumosos antes de diluirse bajo un velo translúcido en la obra que lo atesora y distancia de nuestras miradas. El misterio de la vida habita en cada partícula.
Los elementos se instalan con bravura, invaden la obra desde lo real, las piedras se incorporan, la tierra aparece resquebrajada, cuarteada, una mirada reunificadora sutura algunos fragmentos. De esa fragua surgen sonidos de ausencia, de meditación solitaria.
Los vientos agitan la escena con energía, los troncos de cardos perforados en proceso de fosilización, sedimentan en espacios críticos que no han cejado en su lucha por continuar su juego de variaciones.
Cada tanto surgen centros de equilibrio, un pequeño círculo rojo, elemento que acompaña a la artista desde hace tiempo pareciera oficiar de núcleo, sello y firma de sus trabajos.   

Algunas claves: la serena espiritualidad es convocada a habitar el espacio pleno de sentidos en constante transformación, una mutación renovadora que persiste, insiste, y perdura. La obstinación también es condición de ser del artista.


Corinne Sacca Abadi / AACA/AIC - 2006

El espíritu secreto de los Libro de Artista de Mónica Goldstein en Arcimboldo


Un libro es siempre más que solo su contenido, es un objeto que se toma y que nos subyuga, que resulta un placer sostener en nuestras manos mientras nos sumergimos en su mágico espíritu. Después de todo, es irracional que el mero sostén del contenido represente o adquiera un sentido peculiar , pero entonces porqué no se logró hasta hoy con todos los adelantos técnicos sacar un libro electrónico con todas sus ventajas económicas y ecológicas que dejara satisfecho al lector?

El libro es irreemplazable y Mónica Goldstein le rinde homenaje a este espíritu mágico en esta exposición de libros de artista donde nos muestra algunas de sus obras más logradas y poéticas de estos 15 años. Los libros objeto o libros trabajados juegan con distintos aspectos, así se deconstruye un libro cual laberinto como un "camino" ("Libro del Camino") o se nos advierte que los libros pueden ser peligrosos (astillas y pedazos de vidrio atraviesan las páginas y las tapas en "Los Libros Muerden"). Los títulos de algunas obras mantienen el idioma en que está basado el libro, esto puede ser una escritura inventada, pétalos de rosas o piedras semi-preciosas. Una exposición lograda que no debería perderse. Más información se encontrará en el calendario de exposiciones.


Susana Franz / Argentinisches Tageblatt - 6 de julio 2002

Libros de vestir
Mónica Goldstein interviene libros de una manera más rotunda que la crítica literaria. Los transforma en objetos con piedras, con pétalos, con papeles dorados o plateados. Dice que su mente opera en collage y que su tendencia a la yuxtaposición empieza por sus ideas. Y que sus libros son caminos a un país imaginario que ella bautizó Taa-Ga. Los muestra en Arcimboldo bajo el título 15 años de libros de artistas.

Por Soledad Vallejos

Yo creo que la obra no es distinta de la vida, y en la vida nada es fijo.

Todo está cambiando todo el tiempo, desde nosotros, nuestras células hasta nuestra manera de entender el mundo, nuestra visión, nuestras relaciones. Todo está cambiando todo el tiempo. ¿Qué permanece? Nada. Entonces, ¿cómo va a estar fijo? Estaría muerto.” Mónica Goldstein explica algo tan sencillo como que jamás podría concebir que esos increíbles libros de artista que exhibe en la galería Arcimboldo (Reconquista 761, depto. 14) tengan un único uso, una sola manera de ser mirados, comprendidos, vividos.

Tal vez sea por eso que ella sólo ofrece una producción que exige ser activada, puesta en funcionamiento por el público, como sugiere Corinne Sacca Abadi, crítica de arte y curadora de la exposición, en el catálogo.

Tal vez sea porque ella intenta compartir con alguien más, anónimo, imaginario de tan lejano, pero seguramente posible, lo que acaba de descubrir: puede existir, mejor dicho, puede intentarse el autoconocimiento. Y el camino puede parecer arduo al principio, pero mientras tanto se van conociendo parajes encantadores.Caminando por el espacio de la muestra, pensada casi escénicamente, y con la previsión necesaria para que el público pueda rodear aquello que es objeto (y no cuadro) con comodidad y curiosidad, Mónica cuenta que en un principio fue la pintura, otro poco el dibujo. “Pero siempre me interesó el collage. Y a veces me parece que todo lo hago como un collage, yuxtaponiendo: aun los pensamientos, aun las ideas. Me parece que es una manera de ver sumando. Yo sumo. Y los libros son una forma de sumar ideas con la obra.”

En el afán de sumar, entonces, una artista inquieta, hambrienta de respuestas que la confirmaran o inquietaran aún, pero que en todo caso siempre le permitieran nuevas preguntas, comenzó a trabajar con libros hacia fines de los ‘80.

Exposiciones colectivas de pequeños formatos, arte sobre papel, arte y antropología, poesía ilustrada, fueron llevándola por distintas ciudades, por distintos países, pero invariablemente, después de un período de objetos nacidos de material de desecho, Mónica seguía acercándose a esa conjunción de dos mundos.

Incorporar lo concreto de la palabra escrita, la tradición de lo supuestamente ya dicho de una vez y para siempre no era más que un punto de partida hacia... ¿hacia dónde? “Vestigios” y “Tiempos”, esas son las dos palabras que más se repiten en la historia de sus muestras individuales: los tiempos son “de secretos”, “del trueno”, “de mirar atrás”, “de expansión”, “de tiempos”. Y los vestigios hacia donde fue, que ya parece haber dejado atrás para chocar con el momento en que eso tuvo vida, son siempre de un mismo lugar: Taa-Ga, una palabra inventada, que “alude a un mundo interior”. “Mucho, creo, de lo que hago es un recorrido hacia Taa-Ga.” Y es que la introspección, el cuestionamiento hacia el propio interior, no podría jamás nombrarse, hablarse, con el idioma de todos los días. Y, claro, también necesita mapas, fotos y bitácoras.Lo que pasa con esos libros que Mónica va tomando de su biblioteca de a poco, siguiendo intuiciones (“como un impulso”) que no podría explicar pero que tienen su razón en algún lado, es bastante más que una intervención. Lo que le pasa a esos ejemplares es que se vuelven pura materia moldeable.

Un volumen pequeñito que alguna vez le regaló el alma mater de la galería, Pelusa Borthwick, resucitó cuando menos lo esperaba para convertirse en el libro-objeto “Taa-Ga” (rojizo por dentro, plateado por fuera, la firma, a modo de título, en el lomo; con un orificio en el centro de la página central); las instrumentos médicos que aparecieron en un cajón años después de la muerte de su padre, dermatólogo, se convirtieron en “A corazón abierto”, un homenaje sin dolor, pero necesario.

Cierto libro de infancia de su marido conoció su nueva vida cuando se llamó “Acerca de la realidad”. En las tapas, algunas piedras reales, con volumen, se aferran con firmeza. Al principio del tomo, una lámina desplegable muestra la imagen de un camino de piedritas de colores sobre un fondo apaciblemente beige. Las cosas se complican al llegar a las primeras páginas: las piedras amenazan con invadirlo todo, los trazos escritos en algún idioma desconocido se pierden bajo un papel opaco, pero no tanto. “Son fotos de las mismas piedras en colores y en blanco y negro –explica Mónica con la misma morosidad con que va pasando las páginas–, el discurso y la palabra velada. Siempre hay una cuestión no fácil de descifrar: está velado, hay distintas capas, aparecen las piedras y detrás las palabras y más atrás otras palabras. Y se va develando. De alguna manera se van abriendo, y va apareciendo el espacio. Creo que siento esta idea conmigo: se va haciendo la claridad, se va haciendo luz, se va abriendo el espacio. Van saliendo las cosas que están de más. Finalmente se alcanza la unidad.” Señala, y en lugar de página final aparece un hueco rectangular. Hay una pequeña piedra allí, negra. “De nuevo, la realidad, porque hay una piedra real. Un poco juego, porque ésta es la realidad... pero, ¿qué sé yo cuál es la realidad?”

Para Mónica, la realidad bien podría ser un mar de signos indescifrables, aunque debajo de ellos figure el código que debe usarse para leer el caos, como en la serie de opuestos complementarios que poblaron “Tiempo de secretos”. Una superficie absolutamente blanca como la del cuadro sólo podría soportar una rosa tan blanca como ésa, “la unidad, el código”, y la barra blanca bajo el cuadro sólo podría tener esos pétalos blancos en desorden, “la pluralidad, el libro”.

Y es que estas obras son aquellas imposibles de nombrar: en el lugar de la clásica tarjetita que cuenta el nombre de lo que se ve, sólo aparece... otro pétalo. “Me di cuenta de que no podía poner nombres, que el nombre tenía que estar escrito en este idioma. De alguna manera me pertenece esto de nombrar en sus propios códigos.” Y, nobleza obliga, por algo estas piezas ni siquiera tienen la profana firma de autora, “no encontré dónde ponerla, y además visualmente molesta”.Instructora de yoga, antigua alumna de cursos de cábala y lectora de Borges por lo que tiene de “arte universal”, Mónica se para al lado de un libro con una sola piedrita en su tapa. “Tratado de geografía sutil”, un libro intervenido con técnica mixta, resultó ser lo que es a partir de una sugerencia del propio libro en su otra vida, cuando era un tratado de geografía verdadero con mapas que obligaron a tomarlo como base.

“A veces elijo por las imágenes que tienen, a veces por el color del papel cuando están avejentados. En este caso, fue por el color amarillento del papel y los mapas. No sé si tiene mucho sentido decirlo, pero fue hecho a lo largo de varios años con una serie de consignas que yo me dije a mí misma. Cada vez que me ponía a trabajar, estaba muy consciente de lo que estaba haciendo: era como una práctica de meditación cada vez. ¿Viste que te dije que muchos de los libros son como un camino a cierto reino interno? Eso me interesa como metáfora y como proceso”, susurra cuando ya perdió las dudas sobre si hablar o callar.La producción de la obra, explica, la va modificando, ella vive procesos a medida que hace. “Es estar presente en esos múltiples procesos míos y de la obra, y en la interpelación que hay, la influencia de uno sobre otro. Yo influyo a la obra, la obra me influyea mí, permanentemente.

Entonces, acá fui haciendo un recorrido desde ese gran discurso y la mucha palabra, y el mapa como ahogado y sin demasiada precisión. Se van limpiando zonas, se van produciendo silencios y espacios, y van apareciendo datos en el mapa, como si hubiera más claridad en la ruta.” Se va haciendo silencio, dice, y llega al final: una rosa azul sobre un mapa claro, un personaje en una postura de yoga (gokilasana), una llegada apacible al final del camino.

Soledad Vallejos / Página 12 / 2002

Itinerarios poéticos 


Extraña cruza la del libro de artista que condensa la síntesis de la poesía, las variadas características del objeto artístico, al tiempo que conserva el alma, la matriz y la dignidad del libro. Y, sin embargo, no fue pensado para ser leído -en forma tradicional- sino para alguien dispuesto a expandir su campo de experiencias. La lectura que demandan estas obras impone una apertura hacia una gran variedad de elementos que amplían nuestros registros vivenciales. A pesar de su fragilidad, el libro de artista requiere una acción imprescindible: la de ser tocado, maniobrado y hasta diría, activado por el público. No hay profanación alguna en el acto de receptar un objeto poético, creado por un artista, cuyo destinatario pone en funcionamiento como lo hace un arqueólogo al encontrar una pieza: trabaja con ella hasta descubrir cual es el código de comunicación que utiliza y cual su intencionalidad oculta.


Así, cuando Mónica Goldstein altera, ahueca, nutre o transforma un antiguo libro, deviene en inesperado escenario donde rediseña y proyecta su obra y su mundo en un mismo movimiento. La artista se crea a sí misma en su hacer y su obra es la expresión más genuina del autodescubrimiento. De la necesidad de crear mundos afines nace el nombre TAA-GA, reino interior. Construye sus libros a la manera de Víctor Grippo quien honraba el trabajo artístico como un acto absolutamente artesanal e indelegable. Cada obra surge y se va gestando a partir del contacto con los materiales, cada elemento que se incorpora es cuidadosamente elegido. Durante su hacer, la artista recorre sus laberintos interiores en un estado de meditación creativa. Cuando el ritual del trabajo se ha desplegado los fragmentos se ordenan armoniosamente y una silenciosa espiritualidad se instala en la obra.

El libro del espacio fue creado en homenaje a Teresa Volco. El terciopelo negro como espacio cósmico, sideral, remite al absoluto. Una piedra roja señala la doble posibilidad de cierre y apertura. Al abrirlo encontramos un libro de corte minimalista, en sintonía con el espíritu de Teresa. La pieza realizada en acrílico transparente contiene una página flotante con un punto rojo alineado con la piedra exterior. Pero, esta vez el rojo ha sido bordado, cada puntada anuda la memoria entrañable de la amiga recientemente fallecida; una necesidad de veracidad testimonial deja su impronta en la elección del género blanco que le perteneció.

En Acerca de la realidad la artista yuxtapone una cantidad variable de piedras y signos con los que sobrescribe el libro originario. La secuencia progresiva de despojamiento de unas y otros, sumada al vacío que se va gestando, abre un campo para el descubrimiento de lo nuevo. El protagonismo de las piedras en la portada del libro va cediendo espacio hasta entremezclarse en una fantástica confusión de signos y palabras veladas. La piedra negra oficia de meta, punto de llegada que articula la obra y reenvía al principio. Carl Young recoge los testimonios de sociedades antiguas que utilizaron piedras para simbolizar la morada de los dioses y espíritus. La historia del Sueño de Jacob, en el Antiguo Testamento revela como una piedra representaba La casa de Dios. En santuarios megalíticos, la deidad está representada por muchas piedras sin labrar dispuestas en formas predeterminadas. También en los Jardines Zen la disposición de las piedras entraña un valor espiritual.

El libro se va silenciando de palabras en el Tratado de Geografía sutil y la visión del mapa se expande. La artista ha concebido dos espacios interiores: en uno de ellos habita un personaje en una postura yoga llamada "Gokilasana", y en el otro una rosa azul. Mónica aclara "no es una rosa seca ni muerta, al principio buscaba una rosa color carmín, o blanca y apareció el azul". Es sorprendente la coincidencia con el poeta Novalis quien con la rosa azul simbolizaba la poesía y la espiritualidad. Como artista opera desde lo fragmentario, se lanza con gran curiosidad a investigar una idea, recorre los materiales, va gestando una organización paulatina de la obra. Un itinerario a través del universo superpoblado hasta encontrar un eje, una flecha que indique una silenciosa claridad. Se hace evidente que el camino del conocimiento que transita la artista en la realización de la obra la compromete como persona en su totalidad. Un peculiar anclaje en su propio centro- eje, le permite conectar el punto azul de la espalda del personaje en asana, en correspondencia con el eje interno. Este atravesamiento es la clave que otorga sentido a la obra y a la existencia.

Con sus grafismos de raíz oriental Mónica renueva su amor por un tipo particular de escritura, que trabajada desde lo gestual inventa un discurso que rechaza la palabra gastada. "Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas que podrían ubicarse bajo el nombre de escritura ilegible, lo que lleva a proponer a sus lectores, no los mensajes, ni siquiera las formas contingentes de la expresión, sino la idea, la esencia de la escritura. Nada es más difícil que producir una esencia, es decir, una forma que sólo se revierta sobre su nombre ". Así escribió en 1971 Roland Barthes a la artista Mirtha Dermisache intentando definir sus grafías. Bien podríamos hacer extensivo sus conceptos a los trabajos de Mónica Goldstein.

El tiempo, la poesía, el universo y sus leyes, el vacío generador de oriente y la barroca ocupación del espacio con texturas diferentes. Laberintos, enigmas y rituales. Opacidades, transparencias, reflejos, tensión entre los opuestos. Todo remite a un viaje misterioso y mágico que ha emprendido hace tiempo y que a través de sus 15 años de Libros de artista nos invita a compartir. En la forja el fuego sostiene el deseo. Sus travesías solitarias son derroteros espirituales que dan cuenta de la necesidad de desentrañar los misterios del universo.


Corinne Sacca Abadi / AACA/AIC / 2002

Cuando me encuentro
en este silencio mío 
la palabra cavada,
en mi vida es como un abismo. 
Giuseppe Ungaretti. / De “L´Allegria”

Mónica nos presenta (no nos re-presenta) su búsqueda, su camino hacia la palabra escrita, y hacia la palabra que se grita en silencio, que sólo habla por el color.

Objetos, libros, páginas como brazos , un corpus escrito con palabras que dicen, que se encubren, que se hacen explícitas por lo implícito, signos que se suben unos sobre otros; la ambigüedad presente marcando el tiempo que comparten, anunciando claramente la idea del palimpsesto.  Oriente - Occidente.....pero no se contradice, conviven ambas miradas sorprendidas, palabras que nacen y mueren al unísono.   Doble identidad.

Desde esta lectura  no podemos obviar el oriente de la mirada de Mónica, su cercanía al Hinduismo, creando así una trama diferente, una nueva urdimbre que encarcela  la palabra razonada de nuestra cultura. Signos nuevos que se acarician se abrazan destruyéndose tiernamente... nace su nuevo grafema.
Libros que no se leen. Libros que se viven. 

En el taller de Mónica no hay solo pinceles y colores, fundamentalmente hay ideas, luces relampagueantes, repletas de palabras que dulcemente se acomodan en sus telas, en sus maderas, en sus papeles. Ideas de color, de energía, de fuerza.  En sus telas la palabra calla, expandiendo en su vorticismo lírico un grito silencioso, que nos atrae y nos expulsa.
Su obra no termina en el soporte,  sigue,  sigue en el blanco de las paredes, llega hasta nuestros ojos y nos atrapa el alma, convirtiéndonos en el marco, y conteniendo el grito.

En Tiempo de Tiempos la mirada se volvió larga y ancha, se atrevió a revolver otros tiempos, pero ya sabemos que hay un solo Tiempo, del Ahora, que fluye constantemente.  Imposible inmovilizarlo.

Dejémonos atrapar y entreveremos lúdicamente los sentidos, oliendo el viento, mirando un sonido, llorando una lágrima, tocando con la mirada, leyendo una flor, y reflexionemos con la mente, este sexto sentido que nos gobierna el cuerpo y el alma.


Lic. Salvina Sollima de Tamborini / Lic. en Historia del Arte / 1998

RECORDANDO LO DESCONOCIDO
 
Andábamos sin buscarnos
pero sabiendo que andábamos
para encontrarnos”
Julio Cortázar. / “Rayuela.” , Capítulo II

Frente a una realidad vacía y superficial, sin claridad de conceptos y con valores equívocos y efímeros, la obra de Mónica Goldstein nos augura un estado de “anamnesis” para la búsqueda de una memoria que desconocemos pero que está. 

El Trueno. En el Tiempo del Trueno nos despertamos y nos conmovemos, en nuestro presente inmóvil.

¿Recuperaremos lo perdido, lo olvidado?
¿Recuperaremos por medio de las imágenes la energía que dio origen al principio?

Trueno. Obstinados Truenos. Señal sonora de la Palabra. La palabra como nuestra cárcel.

La Palabra de Mónica supera los límites de la conciencia, escuchamos el silencio que grita, el sordo sonido de la voz.

La palabra arbitraria que se superpone libremente sobre la palabra, una sobre otra, creando un palimpsesto que sin anular, sin borrar lo ya dicho, se ordena libremente en un espacio y en un tiempo circular e infinito.
La infinita inmensidad del sentido de cada signo.

Tiempo de Anunciación. 

Mónica crea la palabra estéticamente poética con un código propio pero que todos conocemos. Es una palabra que nace del punto mágico del color en un espacio ignorado-deseado.

En cada palabra nace la duda, la duda que nos acerca a la insoportable certeza de la vida y de la muerte. 

Jung nos da una mano y dice: “los sueños no son adquisiciones personales, sino residuos de una psique colectiva anterior “. (1)

Las imágenes de Mónica descansan en nuestra memoria “como un fundamento anímico de naturaleza suprasensorial existente en todos los hombres.”   (2) . Son estos arquetipos, formas arcaicas dadas a priori que reconocemos al verlas.
 
La obra de Mónica no es para ser colgada, sino para ser vivida. Nos busca a cada uno de nosotros como únicos capaces de entrar y salir arremolinando ideas, oliendo el viento, mirando un sonido, llorando una lágrima, tocando con la mirada, nos anudamos a su Vórtice creador desde donde se expande la energía que al final se encuentra en un punto. El vorticismo lírico de su dibujo y de su color desparrama a nuestro alrededor papeles al viento, que tomamos sabiendo de antemano que son los nuestros.
Ya todo existe. Mónica con su arte logra arrancar desde su más profundo cielo lo que nos presenta la ausencia. 

En su taller aparece el bosque de papel. Ella lo ama, lo acaricia, lo abraza, lo transforma, lo destruye y le saca desde el alma la esencia, a la manera en que Miguel Ángel trabajaba su mármol. Ella conoce las texturas, las observa, las manipula hasta determinar lo que son y lo que deben ser.

No mueren jamás porque hablan de lo eterno.                     
Sólo me queda proponerles esta experiencia estética. Así sea.

(1)  Jung, C. G. Psicología y Símbolo del Arquetipo. Barcelona. Ed. Paidós. 1989. Pág. 208
(2)  Jung, C. G. Arquetipos e Inconsciente Colectivo. Buenos Aires. Ed. Paidós. 1984. Pág. 10


Lic. Salvina Sollima de Tamborini / Lic. en Historia del Arte / 1998

Bienal Internacional de Arte en Florencia, Italia.


En el Palacio del Affari, en la ciudad de Florencia se realizó cerrando la temporada de 1997 la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo, donde intervinieron veinte artistas argentinos seleccionados por los curadores de nuestro país: Guillermo Whitelow, Rosa María Ravera y Rosa Faccaro. Participaron en este encuentro, recibiendo compensaciones y premios consistentes en medallas con la figura de Lorenzo el Magnífico, Mónica Goldstein (medalla de plata), Pablo Cortondo (medalla de oro), el Grupo Memoria Abierta con Silvana Blasbalg, Liliana Golubinsky, Ana María Erman y Mely Gómez (medalla de plata) y Marcelo Sewald (medalla de plata).

Debemos tener en cuenta que, sobre trescientos participantes de todo el mundo, cuatro premios a los artistas argentinos simbolizan la calidad de los envíos y la excelencia de los trabajos presentados.

Organizado por un organismo privado denominado Arte Estudio, pudo verse la heterogeneidad del arte de nuestros días, en donde no faltaron los objetos, instalaciones, pinturas, esculturas, dibujos y otras manifestaciones plásticas, viéndose obras de mérito y otras que no merecían ser aceptadas.

A pesar de lo difícil que es el envío al exterior de las obras de arte, más difícil se hace el retorno, pagando a veces sumas prohibitivas que, junto a lo engorroso del embalaje y la elección acertada de los despachantes de aduana y las empresas transportadoras, constituyen un verdadero desafío a los artistas de este cono sur.

Un hermoso catálogo que difícilmente podría hacerse en Buenos Aires, donde figuran críticos y artistas, se editó para esta ocasión a todo color.

Los argentinos participantes fueron: Perla Bajder, Augusto Busse, Néstor Llamas, Mónica Goldstein, Cristina Coll, Silvina Cerminara, quien ganó una página en Internet, Angélica Domenico, Christian Bagnat, Sergio Daniel Blatto y Gerardo San Juan.

 

 


Esta muestra fue organizada por Arte Estudio y realizada con el patrocinio del Consejo de la Región Toscana y la Administración Provincial de la Comuna de Florencia. Se form6 un comité internacional que seleccionó los artistas participantes: cuarenta de México, veinte de España, veinte de Argentina, diez de Brasil. diez de Austria y de Alemania, siete de Gran Bretaña, siete de EE.UU., cinco de Arabia y cinco de Francia. La representación italiana muy ajustada, la invitada de Honor fue Dolores Puthod, pintora y escenógrafa del Teatro de la Scala y Pasquale Celona, quien recibió el premio a su carrera artística

 

 


Rosa Faccaro, crítica de Arte / revista Magenta / 1997

Tiempo de mirar atrás
Me interesó armar esta muestra, porque deseaba ver reunidas ciertas obras de Mónica Goldstein, del período 1975 - 1996, para reflexionar sobre el camino andado y sorprendernos de las repentinas luces y no asustarnos de las sombras de los recodos; en estos tiempos no viene mal planear la estrategia (plástica) para el futuro.

En otra medida, porque compartimos el amor por esos objetos llamados libros.
Los libros, su material: el papel. Su reunión: la biblioteca. Su contenido: las ideas. Ideas que se dibujan en los distintos alfabetos.

El libro "objeto - contenedor" de ideas que es necesario preservar y difundir.

Evoco en "Un lugar de la Mancha" a un caballero maltrecho, errando por su casa, buscando desorientado la puerta de su biblioteca que un cura y un barbero mandaron tapiar y disimular, para evitar la continuidad de chispazos entre:
libro - signo - idea - imaginación - acción - libertad.

La misma historia del bombero de Bradbury y la apasionada marginación de los
hombres - libros. La misma historia de la oculta y laberíntica biblioteca, obsesión de Fray Guillermo en la búsqueda de la verdad en El nombre de la rosa. La misma historia de nuestra historia y sus hogueras.

Cuando la vista se pasea por los estantes de las bibliotecas, vislumbramos tesoros y revelaciones; Mónica tiene una historia personal ligada a los libros y a los signos de la escritura, como manifestación plástico - expresiva en los momentos difíciles, de callada introspección por los que atravesamos los seres humanos.

En el desarrollo de sus imágenes es importante señalar la relación de amorosa delectación por el mundo de los papeles, con sus colores y texturas, sus distintas calidades y aromas, el material virgen y el impreso. Por lógica consecuencia la investigación sobre las técnicas de dibujo y pintura adecuadas a este soporte y el componente cinético de la escritura. El movimiento, el "sismógrafo" del alma, los amplios signos - gestos sobre las bandas de papel. El nacimiento de una "mitología individual" en completa sintonía con la evolución espiritual. La reconstrucción de una cultura por medio de la escritura.

Y si estamos a merced del "eterno retorno", podría repetirse la historia del oficial de Napoleón encontrando la Piedra Roseta y sus maravillosas equivalencias, para comprender los "Textos de Taa-Ga" o la "Guía de opuestos".
Pero tal vez no sea necesario, porque la obra de Mónica Goldstein es toda "A corazón abierto".


Lic. Eduardo Guevara / Director del Museo Municipal de Bellas Artes / 1996

Tiempo de Secretos


Conozco la obra de Mónica Goldstein hace varios años.  La he invitado a participar en distintas muestras nacionales e internacionales de libros de artistas, siendo yo curador de ellas.  Esta disciplina muy pocos artistas la realizan en nuestro país, por ese motivo no es frecuente este tipo de evento.  La considero un aporte para los creadores en el campo de las artes visuales.


Alfredo Portillos, artista visual / 1993

Tiempo de secretos.

Objetos de la artista Mónica Goldstein. Hasta el domingo!2 de setiembre en la Sala 3 del Centro Cultural Re¬coleta, Junín 1930. Libro de artista es una categoría de objeto referida al libro como entidad plástica. No interesa tanto el contenido espiritual del texto, sino más bien los grafismos de las letras -sean éstas del alfabeto latino, sánscrito, hebreo o arábigo-, las texturas y el tamaño de las hojas, las tapas o el lomo; en resumen, lo que lo constituye como objeto material.

Goldstein juega con alfabetos inventados, duros recortes de uñas metálicas que semejan un sistema binario de notación, pétalos de rosas blancas y pequeñas pilas de litio; con el mismo al-fabeto identifica el título de cada obra, incompren-sibles desde el punto de vista lógico, aprehen-sibles desde la poesía. Recurre a trípticos, horizontales o verticales, y a una cuarta pieza a modo de la palla de altar medieval, la parte inferior del altar que narraba la vida de un santo. Los libros objeto varían desde el tecno, con chips y engranajes de máquinas desarmadas, hasta la más pura sensibilidad zen, con rosas blancas sobre fondos blancos que dialogan con sus pares deshojadas.

Julio Sánchez / La Maga / 25.7.93

Tiempo de Secretos


La relación sígnica entre el lenguaje de la escritura-proyección del lenguaje hablado - y el lenguaje de la pintura y de las artes plásticas en general es un elemento que cada vez más toma importancia en las búsquedas artísticas actuales.  Mónica Goldstein se halla en este camino desde hace cinco años y con una aproximación muy personal de ello valorizando al libro en sí mismo en su presencia plástica, en una síntesis entre lo sensorial y lo conceptual.


Luis Felipe Noé , artista visual / 1993

Mónica Goldstein abre un espacio estético en el que instala  turbadoras construcciones que congenian elementos recuperados de tiempos perdidos y relampagueantes mundos por venir. Leal no a una escuela ni a una doctrina sino a escondidos y recónditos impulsos que brotan de sí misma, hilvana sutilmente correspondencias entre expresiones de universos que fueron o que serán, y entre ellos, puente y nudo, la vivacidad del presente; o quizá del instante. Mónica Goldstein colabora en el movimiento de substancias, materias y colores, y se alía a las infinitas posibilidades ofrecidas a partir de una intuición artística explosiva que instala un lugar mágico, cantera de revelaciones.

¿Qué objetos, qué materiales, son los que laborea su arte en curiosa transposición? Los que confisca en basurales, en ruinas cotidianas, en desvanes olvidados, en desordenados anaqueles: elementos descartables, residuos del orgiástico mundo de la técnica o de la domesticidad, a los cuales en transposición alquímica, proyecta hacia un nuevo corpus autónomo y autosuficiente, abanico de códigos que apelan a la complicidad y al deleite de los otros.

Sus objetos hablan el idioma de los hombres puesto que son vestigios, susurros y cuchicheos de sus días y trabajos. Pero hablan también el arrebatado lenguaje de la imaginación que busca su acomodo trascendente: el asa de un recipiente, ese resto de cacerola, pueden recordar el cóncavo espacio que cobijó el alimento allí cocido o recogido para socorrer el desfallecimiento de alguien; esos clavos, esos fusibles, huellas de deshechos, pueden ser ruinas industriales más o menos prestigiosas, pero ahora, aquí, en este nuevo habitat, despojados todos de su antigua hechura, crean un espacio en el que lo utilitario desaparece para dar sólo gratificante lugar al soplo estético que avivará el espíritu. El arte les ha infundido transitoria eternidad; la presión de la historia ha cedido al embate del discurso fantasioso, lo racional colinda con el temblor misterioso de lo imprevisto. Obra nacida bajo el imperativo de la busca, el rigor, la invención y la perseverancia, excita el vértigo, ahuyenta la retórica, suscita el deslumbramiento. Y Mónica Goldstein, de obra en obra, de exposición en exposición, avanza en sus saltos hacia arriba, segura de las alas que sostienen los desafíos y riesgos de su aventura. Porque el secreto del vuelo está en su auténtica presión creadora. Pero debo callar. Porque una obra como ésta no necesita de intermediarios. Exige contempladores.


María Esther de Miguel / 1988

TEMPLOS, RADARES Y OTROS VESTIGIOS
 
Mónica Goldstein "pinto" siempre. Es muy joven pero ha recorrido un largo camino si contamos los comienzos de iniciación por parte de su padre, cuando todavía muy pequeña ponía ante sus ojos, reproducciones y mas reproducciones de grandes pintores de todos los tiempos. Luego fue el taller de Adriana Dellepiane y por ultimo mi propio taller.
Sin embargo, poco aportan estos datos para valorar su obra. Con absoluta libertad y sin influencias ha sabido poner en movimiento el Gran Juego en donde arte y vida mezclan sus definiciones. Fuerza y deseo de renovación constante, se manifiestan no solo en la organización de cuadros y objetos, sino también en el empleo de materiales. Podríamos decir que ningún material resistió a sus manipulaciones: el vidrio, las pieles y los plásticos en muestras anteriores; ahora el hierro y la madera. Esta exposición reúne diversas expresiones bajo un acentuado clima de correspondencias. Así, los libros contienen templos, cuadros, radares y otros vestigios. Los templos guardan libros, pinturas, etc. Y los radares detectan todo, a nosotros mismos espectadores inocentes o advertidos que cedemos y entramos en el Gran Juego sin resistencias. Es entonces cuando la magia nos alcanza y al salir nos preguntaremos quizá si nuestra historia o nuestros rostros quedaron impresos ya en las páginas de madera invisible de estos volúmenes con bisagras que crujirán como puertas de viejos castillos, en el tiempo blanco calcinado de huesos e hinchazones desbordantes de latidos y erupciones metálicas. Este tiempo blanco que ejerce su autoridad sobre templos negros y radares, abarcando un espacio sin dualismos, nos pertenece ahora. Poseídos por él y poseedores de el formamos parte de este juego vital de la existencia.


Eva Garcia / 1988

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