ANGÚ VÁZQUEZ

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CRÍTICAS

Una propuesta abstracta que combina planos, texturas y un armado lineal de rectas y curvas, es el que realiza Angú Vázquez.
Aúna una clara disposición plástica junto a una resolución que alcanza la nitidez de una buena forma.

Carlos Caffera.
Montevideo, Uruguay.

Refinada y sensible, sus gofrados certifican los méritos de la artista.

Romualdo Brughetti.
La Nación.

El contenido plástico de los grabados de Angú Vázquez responde a un propósito compositivo que se encuentra en la oposición de valores y zonas y el empleo adecuado de la técnica del grabado.

Aldo Galli.
La Prensa.

A pesar que sus estructuras tienen un hondo sentido abstracto, la impregnación de una formulación antropomórfica están claramente expresadas en la tensión vital de sus resoluciones plásticas.
El desplazamiento rítmico en capas superpuestas de planos curvos, junto a la valorización tonal y el graneado específico, crean una atmósfera háptica en sus gofrados.
Esta ecuación entre la ejecución limpia, y el sentido claroscurista de sus negros y grises aterciopelados que provocan fuertes contrastes luminosos, nos hace pensar en esa aptitud polisensorial que otorga un orden a la mirada, privilegiando percepciones táctiles.
También podemos atribuir a esta condición, sus "impromtus escriturales", rasgos pulsionales que aparecen sobre las luminosas formas orgánicas. La textura a veces utilizada por la arista, tiene la calidad de un toque de piel sobre la superficie del papel entintado.
Las intenciones que trascienden de su lenguaje gráfico, están expresadas en el plano: cortar; acariciar; arrastrar; imprimir, buscando el rincón oculto, oscuro, encendido, donde puede apresar el rastro del objeto.

Rosa Faccaro.

Angú Vázquez presenta una riqueza sugestiva dentro de un expresionismo abstracto. Estos grabados en blanco y negro con gofrados tienen una enorme fuerza.

Thelia C. de Behar.
Buenos Aires Herald.

Angú Vázquez con sus grandes y amplias líneas que configuran una abstracción cargada de sugerencias de la naturaleza, con sus movimientos también amplios y ondulados, como sorbiendo vientos y olas, como en una búsqueda de infinitud...
Para lograr su arte recurre al collage, al gofrado, a cortes, consabidos aguafuertes y aguatintas y utiliza la monocopia con maestría.

Irma Aguado de Saldnes.

Solas o en grupos, las aguatintas y técnicas mixtas de Angú Vázquez se hallan bien elaboradas. Sus abstractos protagonistas, ondulantes y algo orienta listas, suelen juntarse un poco a la fuerza con dibujos de carabelas y de monstruos marinos, al modo de los cartógrafos de hace siglos.
Mayor mérito posee su trabajo más tradicional.

Waldemar Somruer.
Chile.

Agua, aire y tiempo son los temas que aborda en sus obras la artista Angú Vázquez. A través de monotipos y aguatintas hechas a la manera negra, en aguafuertes y gofrados, la artista expresa su inclinación hacia un mundo más emocional.

Alejandra Rivera.
Chile.

Angú Vázquez se caracteriza por una finísima gráfica que en esta muestra encarna un paisaje disuelto en el seno de una combinación de técnicas. Transparencias, líneas, gofrados, invitan a recorrer con la mirada una superficie donde se insinúan naves y nubes "del cielo sur".
 Sugiere una suerte de navegación infinita, uniendo los pliegos sin un antes preciso, y quizás sin un destino final. Captar el continuum que emana de la sucesión de estas hojas en suave relieve es deber del contemplador.
Reina en su obra una delicadeza extrema, que si más bien recae en lo abstracto produce al mismo tiempo la grata dialéctica de evocar ciertas presencias huyendo de ellas.

Guillermo Whitelow.

Para Angú Vázquez la mirada se sujeta al panorama urbano roído por la desaprensión y la incuria, tal como lo adivina en la niebla del Riachuelo o lo atisba desde los interiores, asfixiantes y domésticos.
Grises tamizados, verdinegros sólo posibles por el aguafuerte y la m ezzotinta, dan el registro lírico a estas introspecciones donde la ciudad impiadosa se le hace, como al poeta, "tan eterna como el agua y el aire".
Los gofrados imprimen vuelo espiritual al superar el contenido romántico de la anécdota. El dominio de los registros sensibles y técnicos permite augurar nuevas futuras revelaciones en la obra de Angú Vázquez.

Elba Perez.

El grabado excluye toda improvisación: hilo de la voluntad y del celo tesonero exige, al mismo tiempo, ofrecer la apariencia de un don recibido. Compromiso mayor ya que la proclividad a trabajar en ciclos temáticos o formales simultáneos obliga al artista a mantener una alerta exquisita. El dominio de los modos creacionales y técnicos debe ser total y; a la vez, no denota el esfuerzo.
Angú Vázquez conoce estas demandas a las que suma, en su caso, el espíritu de experimentación que hoy la /leva a buscar otra dimensión, otro recurso especial a los virtuales obtenidos por los recursos eminentemente gráficos.
Opera desde el margen de la imagen hasta el centro, sugiriendo que el trazo, la línea generadora, es fragmento visible de un ademán más amplio del que es continuación con el gofrado. Y sabe detenerse en el momento significante, sin insistir, sin fatigar la gracia sustantiva de su planteo.

Elba Perez.

Eso mismo pensé cuando visité el atelier de Angú Vázquez. Inundado de esa penumbra que caracteriza a un taller de grabado (indispensable para evitar el reflejo al trabajar las planchas metálicas), de inmediato percibí la madurez artística de esta grabadora excepcional; por un lado, al observar la calidad de su obra, pero también por la serenidad de su lenguaje, el que sólo se logra cuando hay un total convencimiento de estar en el camino correcto.

Para Angú Vázquez, el grabado es la vida, los amores, la tormenta, la pasión. Es lo que se adapta mejor a la imagen que quiere obtener. Por ello, cada uno de sus trabajos son un canto al movimiento. Desde los detalles del gofrado en los densos papeles que utiliza, los que se entrelazan con el grabado en forma simultánea, conformando una serie de geometrías fantásticas y evidenciando una búsqueda muy sensual de la esencia humana.

Ya pesar de la abstracción de las formas, aparecen edificaciones que remontan a paisajes de una gran ciudad -esa ciudad mítica a la que refería Borges al escribir sobre Buenos Aires- y a ventanas como puntos de referencia: esa ventana interior a la que se accede a través de la obra de Angú Vázquez.  Hay una historia que se puede contar a partir de cada obra suya.

llona Selmeczi.

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