MÓNICA GOLDSTEIN

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PERFIL

Mónica Goldstein

Nací en Buenos Aires. Mi padre contaba que antes de cumplir yo un año él me sentaba en la cama, con un libro de arte sobre las piernas; al pasar lentamente las páginas, observaba mis reacciones. Años más tarde lo acompañaba en sus recorridas por las galerías de arte de esta ciudad. No es casual que en plena adolescencia ya hubiera decidido dedicarme a la pintura.


A los trece años comencé a asistir al taller de Adriana Dellepiane. Todos los años se enviaban obras al Premio Internacional Shankar’s de Arte Infantil, en Nueva Delhi, en el que participaban chicos de más de ochenta países. En 1968 obtuve allí un premio que marcó mi rumbo.


Me conmovían las pinturas prehistóricas. Pensaba que si esos hombres cuya sola supervivencia debía ser tan difícil pintaron y más tarde embellecieron sus objetos cotidianos, lo que llamamos arte debía ser esencial al ser humano, y decidí dedicarme a él.


Seguí mi formación en el taller de Eva García. Incursioné en el dibujo, el retrato, la pintura, el collage, el objeto, la historia del arte. Por aquella época, Max Ernst y Paul Klee eran los artistas que más admiraba. Investigué técnicas y materiales. Fuí encontrando aquellos que me pertenecían, con los que estaba en consonancia.


Paralelamente estudié el pensamiento de India en la Universidad del Salvador. A mediados de los 1980 comencé a practicar meditación budista y yoga; más adelante me formé como instructora.

Me acerqué a los teóricos, artistas y filósofos del arte contemporáneo.


Todo esto modificó tanto mi forma de producción como la obra misma. El uso de técnicas automáticas y la influencia del surrealismo fueron cediendo su lugar, y surgió otra actitud. En mi taller entro en íntima relación conmigo misma, en un espacio silencioso, de tiempos pausados. Me contacto con la obra. Me interesan los procesos, observo mi hacer mientras trabajo.


¿Desde dónde hablar de lo que hago? Mi producción recorre distintas disciplinas: pintura, dibujo, monocopia, relieves, objetos, alguna instalación. Entrecruzo fotografía y pintura en torno a lo que llamaron “geografía emocional”. Hacia finales de la década de 1980 comencé a producir también libros de artista, disciplina que fue cobrando protagonismo en mi hacer. La mayoría de mis libros son ejemplares únicos, si bien he hecho también pequeñas ediciones. Trabajé en diversos formatos: libro-objeto, rollos, libros intervenidos, entre otros. Uso materiales diferentes, aunque en el origen podría estar mi amor por los papeles y los textos, transmisores históricos de la sabiduría de la humanidad.


Me interesan la posibilidad de evolución del ser humano, el Tiempo, la Libertad. Elijo cuidadosamente los nombres de muestras y obras. En 1988, en mi exposición Templos, radares y otros vestigios, en el Centro Cultural San Martín, los espectadores hacían un recorrido desde la prehistoria hacia el futuro, simbolizado por los radares. Luego vinieron Tiempo de Secretos y Vestigios de Taa–Ga, reino mítico al que aún refiero muchas veces en mi obra. Comencé a preguntar acerca de la ubicación de los reinos míticos. ¿Refieren las tradiciones a un lugar geográfico real, a un espacio interno, a un estado de conciencia? Surgieron dibujos de montañas, exposiciones como Un eco, el libro Shambala, entre otros. Actualmente estoy indagando sobre las interrelaciones del micro y el macrocosmos, donde los libros y rollos se cruzan con paisajes, ya sea dibujos, pinturas, técnicas mixtas.


Desde 1976 participé en numerosas muestras individuales y colectivas, tanto en Argentina como en el resto del mundo. En 2010 recibí una Mención del Jurado en el Salón Nacional de Artes Visuales en el área monocopia; en 1997, una Medalla de Plata por mi participación en la Bienal de Arte Contemporáneo de Florencia.


El arte es hoy para mí una manera de mirar el universo. Me surgen preguntas. Trabajo. Tal vez, algún día, si la pregunta está correctamente planteada, llegue una respuesta.

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MIS LIBROS DE ARTISTA

 

 

Vivo rodeada de libros desde que tengo recuerdos. Con mis padres aprendí que se trataba de tesoros: “La mejor herencia que te podemos dejar es la biblioteca”, solían repetirme.

 

Comencé a trabajar con libros de artista casi sin quererlo. A pesar de conocer Una semana de bondad o los siete elementos capitales, no imaginaba realizar un trayecto en este género de las artes visuales. Ocurrió durante una época de introspección, de silencio; produje obras que sentía íntimas, no las mostraba ni hablaba de ellas. En la década de 1980 mis pinturas se configuraban mediante diversas técnicas sobre papel; en aquellos tiempos, pasar al libro fue sentido como algo natural, sólo un cambio de soporte. También lo fue el deslizamiento de mis objetos, hechos con materiales de descarte, hacia el libro-objeto. Surgieron entonces obras con metales, vidrios, piedras… Al principio me limité a la forma tradicional: tapas, lomo y hojas. Con el transcurso del tiempo, la estructura se fue desarmando: algunos libros incluían páginas inmóviles, en otros la forma sucedía escultórica.

 

Una idea deviene "libro de artista" siguiendo un proceso que lleva largo tiempo; el germen se nutre, desarrolla y madura lentamente, siempre. A veces realizo bocetos, pequeñas maquetas, alguna investigación ya sea en lo formal o acerca del sentido. Pocas veces la materialización resulta rápida. A medida que profundicé en esta práctica quedé atrapada; al mismo tiempo se abrían mundos ante mí. La evolución de mis libros acompañó el curso que tomaron pinturas y dibujos: la obra toda se fue simplificando en lo formal y complejizando en el sentido.

 

Desde 2006, en mi muestra Rollos de Taa – Ga, los libros se integraron con otras imágenes provenientes de pinturas y dibujos. En las dimensiones reducidas de la sala, el conjunto expuesto -rollos y fragmentos de rollos, libros y páginas de artista-, adoptó la apariencia de un site specific: un lugar con vestigios de alguna civilización desaparecida y reencontrada. Luego, en Reinos Míticos -un estado de conciencia, un espacio interno para habitar-, comencé a usar fotografías del interior del cuerpo humano. Hace cierto tiempo me interesa la relación entre macro y micro cosmos… y con esto aparecen las fotografías del Universo. Había hecho, hasta ese momento, principalmente libros únicos y pequeñas ediciones; ahora se me abría la posibilidad de otro trabajo. Así lo sentí.

 

La dificultad de definir qué es un libro de artista me interesa. Cada vez que encuentro una definición al mismo tiempo surge una obra que la desborda. Es difícil establecer los límites de esta disciplina. La pluralidad de lenguajes que está en la base de los Libros de Artista abre más y más posibilidades, grados de libertad que el artista puede tomar y desarrollar en la obra y en sí mismo.

 

MONICA GOLDSTEIN

 

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POSEEN OBRAS SUYAS

Colección Shankar, Nueva Delhi.  Majdanek State Museum, Polonia.  Moma, Franklin Furnace Artist’s Book Collection, Nueva York.  Standford University, Green Library, California.  Biblioteca “George Baritiu”, Brasov, Rumania.  "Archivio Libri d'Artista", Milán, Italia.Colección King St. Stephen Museum, Hungría. Museo Eduardo Sívori, Buenos Aires.  Museo Juan Sánchez, General Roca, Río Negro.  Fundación Banco Provincia de Neuquén, Neuquén.  Colección Comisión Nacional de Energía Atómica. Colección Amalia Lacroze de Fortabat.  Colección Greenpeace.  Museo Privado de Libros de Artista, colección Alfredo Portillos. Fundación Manos Creadoras, Cipolletti. Colecciones particulares del país y del extranjero. 

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